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El París de las letras I: Julio Cortázar

“… Uno cree conocer París, pero no hay tal; hay rincones, calles que uno podría explorar el día entero, y más aún de noche. Es una ciudad fascinante; no es la única… Pero París es como un corazón que late todo el tiempo; no es el lugar donde vivo; es otra cosa. Estoy instalado en este lugar donde existe una especie de ósmosis, un contacto vivo biológico. Yo digo que París es una mujer; y es un poco la mujer de mi vida…”  

Julio Cortázar

Julio Cortázar

Julio Cortázar

Una vez alguien dijo que viajaba para ver “lo que todo el mundo quiere ver” y con esto se refería a sus deseos de visitar todos los atractivos que las guías turísticas dicen que no hay que perderse.

Yo siempre supe que a cada lugar iría en busca de las cosas que fuesen importantes para mí, sin tener ningún tipo de reparo en si el mundo o las guías concuerdan conmigo o no.

Soy de la idea de que las ciudades y los lugares representan cosas distintas para las personas y de que nos movemos por el mundo motivados de distinta manera. Hay quienes viajan solo por placer o por descanso y estamos los que viajamos en busca de algo más, de algo que nos llene el corazón y el alma.

Estas motivaciones personales son las que un par de años atrás me llevaron hasta el Macondo de Cien Años de Soledad en Colombia o hasta la Chiapas Zapatista en México. También fueron el motor para que una mañana me subiera a un tren en Londres y partiera en busca del Liverpool de Los Beatles.

Y así fue como una mañana llegué a París, la ciudad que para muchos está marcada por la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, pero que para mí siempre fue y será la París de Rayuela.

Y es que toda mi idea de la Ciudad Luz estaba abrazada a la obra y figura de Cortázar. Yo quería encontrar el pasadizo de la Galería Vivienne que me llevara hacia “El Otro Cielo” o  pasar por debajo de la Tour Saint Jacques para comprobar si su sombra es violeta o cruzar el Pont des Arts en busca de la Maga.

O quizá simplemente caminar por la ciudad y contemplarla a través de los ojos de quien supo vivirla apasionadamente.

 

La Galería Vivienne:

“En todo caso bastaba ingresar en la deriva placentera del ciudadano que se deja llevar por sus preferencias callejeras, y casi siempre mi paseo terminaba en el barrio de las galerías cubiertas, quizá porque los pasajes y las galerías han sido mi patria secreta desde siempre” 

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El barrio de las galerías, cerca del Jardín de las Tullerías y al otro lado del Sena, es el escenario de unos de los cuentos más fascinantes de Cortázar: “El Otro Cielo”.

En este cuento, el personaje principal recorre las calles del barrio porteño y se interna en la Galería Güemes, en donde se encuentra con un espacio particular que lo lleva a la ciudad de París, más precisamente a la Galería Vivienne. Este viaje en el espacio representa una forma de escapar de sus responsabilidades y de su vida rutinaria en Buenos Aires.

Es en esta galería en donde conoce y se enamora de Josiane, una prostituta que habita una buhardilla dentro de la misma. A los ojos del protagonista, esta galería y París representan una vía de escape de la monotonía y la posibilidad de una vida más libre.

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“…y a mí me quedaba el resto del tiempo para las galerías; eran las horas del explorador y así fui entrando en las zonas más remotas del barrio, en la Galerie Sainte-Foy, por ejemplo, y en los remotos Passages du Caire, pero aunque cualquiera de ellos me atrajera más que las calles abiertas (y había tantos, hoy era el Passage des Princes, otra vez el Passage Verdeau, así hasta el infinito), de todas maneras el término de una larga ronda que yo mismo no hubiera podido reconstruir me devolvía siempre a la Galerie Vivienne.”

La Galería Vivienne es probablemente una de las galerías más bonitas de París. Sus pisos de mosaico, sus escaleras de hierro forjado, sus vidrieras y su decoración estilo Imperio, la convierten en una de las galerías más elegantes de la Ciudad Luz.

Su creación es resultado de la iniciativa del Señor Marchoux, quien después de comprar varias parcelas de la misma manzana, contrató al arquitecto François-Jean Delannoy y le encargó el diseño de la misma. La construcción empezó en 1823 y la galería fue inaugurada en 1826. Por aquellos años la Galería Vivienne era el lugar donde los comerciantes exponían sus mercancías y al que las damas elegantes acudían para pasearse tranquilas, sin necesidad de mezclarse con la plebe.

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“La Galerie Vivienne, por ejemplo, o el Passage des Panoramas con sus ramificaciones, sus cortadas que rematan en una librería de viejo o una inexplicable agencia de viajes donde quizá nadie compró nunca un billete de ferrocarril, ese mundo que ha optado por un cielo más próximo, de vidrios sucios y estucos con figuras alegóricas que tienden las manos para ofrecer una guirnalda, esa Galerie Vivienne a un paso de la ignominia diurna de la rué Réau-mur y de la Bolsa (yo trabajo en la Bolsa)”.

Hoy en día sigue siendo el lugar en donde los comerciantes exponen variados productos como exquisiteces gastronómicas, vinos y libros antiguos y exóticos.

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El Pont des Arts:

“Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts”.

Quienes leímos Rayuela, sabemos que el Pont des Arts es el puente favorito de la Maga, según los ojos de Madame Leonie. Es a su vez el lugar a donde acude Oliveira, el protagonista masculino de la novela, con la esperanza de encontrarla.

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“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts…”

El Pont des Arts o “Puente de los enamorados”, cruza el río Sena y fue el primer puente metálico de París construido a principios del siglo XIX.

Desde hace mucho tiempo es el lugar elegido por muchos de los amantes del mundo, quienes llegan hasta aquí para jurarse amor eterno. Según la tradición, los enamorados deben amarrar al puente un candado con sus nombres grabados y tirar la llave al Río Sena. De esta manera, se dice que su amor permanecerá atado a París por los siglos de los siglos.

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El Bar Old Navy:

Gabriel García Márquez sabía que Cortázar frecuentaba un café parisino llamado Old Navy, sobre el boulevard Saint Germain. El colombiano, que era por entonces un joven periodista no muy conocido, asistió durante varias semanas a ese bar con la esperanza de encontrarse con el argentino. Hasta que un día el sueño se hizo realidad:

“Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón”.

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Esa tarde, el tímido de Gabo se la pasó acechando a su ídolo, sin conseguir juntar el coraje suficiente para abordarlo. Lo vió escribir más de una hora sin parar, tomando sorbitos de un vaso de agua y cuando comenzó a oscurecer, lo vió también guardar la pluma y salir del café con el cuaderno escolar bajo el brazo.

…Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentandome la madre por mi timidez…”

Años más tarde, se conocerían y nacería una entrañable amistad entre ambos.

Julio y Gabo

Julio y Gabo

La Rue de la Huchette:

“…Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinamos…”

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La Rue de la Huchette, la misma  por la que corría el fuego sordo en Rayuela, es una calle peatonal entre el Boulevard Saint-Michel y la rue du Petit-Pont, muy cerca de la Catedral de Notre-Dame. Es conocida porque en ella se encuentran el Teatro de la Huchette y el Caveau de la Huchette, un club de jazz en el que actuaron músicos famosos como Count Basie, Sidney Bechet, Art Blakey, Claude Bolling, Sacha Distel o Lionel Hampton.

Seguramente  las largas piernas de Don Julio caminaron por esta calle una y otra vez, algunos años atrás. Hoy en día esta calle es muy frecuentada por turistas y hay numerosos restaurantes, creperías y tiendas.

El Restaurant Polidor:

¿Por qué entré en el restaurante Polidor? ¿Por qué, puesto a hacer esa clase de preguntas, compré un libro que probablemente no habría de leer? (El adverbio era ya una zancadilla, porque más de una vez me había ocurrido comprar libros con la certidumbre tácita de que se perderían para siempre en la biblioteca, y sin embargo los había comprado; el enigma estaba en comprarlos, en la razón que podía exigir esa posesión inútil.) Y ya en la cadena de preguntas: ¿Por qué después de entrar en el restaurante Polidor fui a sentarme en la mesa del fondo, de frente al gran espejo que duplicaba precariamente la desteñida desolación de la sala? Y otro eslabón a ubicar: ¿Por qué pedí una botella de Sylvaner?

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En la Rue Monsieur le Prince del Barrio Latino se encuentra el restaurante Polidor, escenario y punto de partida de la novela 62/Modelo para armar. Juan, su protagonista, elige una mesa al fondo y ordena una botella de Sylvaner. Enseguida se obsesiona con un “comensal gordo” que se sienta junto a él, y comienza a preguntarse a si mismo porque qué entró en el restaurante, por qué pidió Sylvaner y en que estaba pensando cuando compró el libro que ahora tiene en sus manos.

No es casualidad que Cortázar haya elegido este restaurante como escenario de su novela, ya que el ambiente del lugar encaja bastante bien con la historia narrada. La decoración interior evoca otro siglo, con su puerta de madera llena de cuadraditos de cristales y esos enormes espejos bruñidos, los cuales duplican “precariamente la desteñida desolación de la sala”, la misma sala en donde hoy cualquiera puede sentarse y ordenar, como no, una botella de Sylvaner.

La Rue Martel:

En el 4 C de la Rue Martel, en un edificio con varios patios y muchos balcones, escaleras y macetas vivió Julio Cortázar, en compañía de su segunda esposa Carol Dunlop y su gato Teodoro. El departamento que habitaba era “alto y angosto como el propio Cortázar” según escribió Mario Vargas Llosa años mas tarde.

En la entrada del edificio y a pedido de los vecinos, hay una placa que lo recuerda. Aquí vivió Cortázar, se lee, el autor de Marelle.

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El Cementerio de Montparnasse:

Cortázar llegó a París en 1951 para trabajar como traductor en la Unesco. Pese a vivir más de 30 años en esta ciudad, a dominar completamente el idioma y ser naturalizado por el presidente Mitterrand en 1981, nunca quiso escribir en francés.

Y es que Julio nunca dejó de pensar y escribir como un latino y en muchas ocasiones afirmó que vivir en Francia le había hecho descubrir hasta qué punto se sentía latinoamericano: “hay que estar lejos para amar la casa“, afirmaba. Es más, fue durante su estadía en Francia cuando abrazó la causa latinoamericana y puso su voz y su cuerpo para denunciar las atroces dictaduras que se sucedían en nuestro continente.

Por esas cosas del destino acabaría enterrado en el Cementerio de Montparnasse de la capital francesa, lejos de la patria que lo extrañaba y lo reconocía como un hijo propio.

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Aquí yace, o por lo menos así dicen. Aunque él no está ahí. Está en todos lados, porque como bien dijo alguna vez García Márquez parece cierta la leyenda de que Julio es inmortal

 

Datos Útiles:

  • Restaurante Polidor: 41, Rue Monsieur Le Prince/ Metro: Cluny – La Sorbonne/ u Odeon / Sitio Web: http://www.polidor.com
  • Café Old Navy: 150, Boulevard St. Germain / Metro: Saint-Germain-des-Prés o Mabillon
  • Galerie Vivienne: 4, Rue des Petits Champs / Metro : Bourse /Sitio Web. http://www.galerie-vivienne.com
  • Cementerio de Montparnasse: 3, Boulevard Edgard Quinet/ Abre de lunes a sábado de 08:30 a 17:30 horas y los Domingos y festivos: de 09:00 a 17:30 horas./ Metro: Edgar Quinet o Raspail (Líneas 4 y 6) | Bus: 28 y 68.
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Acerca de Patricia (194 Artículos)
Guía Nacional y Técnico Superior en Turismo | Turista Digital | Travel Blogger | Amo viajar, ir al cine, comer chocolate y a los Beatles.

6 Comentarios en El París de las letras I: Julio Cortázar

  1. Me hiciste emocionar..
    Que lindo debe de ser recorrer los lugares por donde pasaron nuestros idolos..!!!
    Saludos

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  2. Hola Vivi, la verdad que si, sobre todo porque en el caso de París, toda la idea que tenía de la ciudad era sacada de sus libros, así que fue hermoso encontrarme con todos esos lugares!!! Abrazos desde Córdoba!

    Me gusta

  3. Me encantó hacer con usted este recorrido, a propósito de Cortázar y París. Le felicito y agradezco.
    Jamila.

    Me gusta

  4. Excelente! es lo que quiero hacer cuando vaya a Paris! Si alguna vez buscás compañera de viaje, avisame! vivo en Resistencia 😉

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    • Hola Cecilia! La París de Cortazar es hermosa, además no hay nada mas lindo que caminar buscando aquelos lugares que forman parte de los libros que nos gustan!

      Te tengo en cuenta para una próxima aventura!

      Abrazos desde Córdoba

      Patricia

      Me gusta

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