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Crónica de mi primer día en Marruecos

“Es el anochecer de un día agitado”, cantaba John Lennon y esa frase describe un poco lo que fue mi arribo a la ciudad de Marrakech.

El día había empezado muy temprano en el Principado de Andorra, lugar del que nos despedimos por la mañana, de ahí seguimos en bus a Barcelona y de la ciudad condal a Marrakech en avión. Y todo eso en menos de 24 horas: es decir mis pies pisaron tres países en un día, o dos países y un principado si nos ponemos detallistas.

Sobrevolando Tanger

Sobrevolando Tanger

El vuelo desde Barcelona a Marrakech dura algo más de una hora, pero se pasa volando (si, ya sé, mal chiste!), casi ni te das cuenta cuando te avisan que el avión esta por aterrizar en la llamada ciudad roja. Pero inmediatamente aterrizas, y a pesar de que vivimos en un mundo globalizado, es inevitable sentir la diferencia de culturas.

El aeropuerto de Marrakech-Menara es bastante moderno y para ingresar al país haces los mismos trámites que en todo el mundo, pero el idioma, las mujeres cubiertas con sus vestidos coloridos, los rasgos de las caras, todo eso te indica de que estás en un lugar diferente.

El Aeropuerto de Marrakech-Menara

El Aeropuerto de Marrakech-Menara

Como era de noche nos tomamos un taxi directo a la medina, que es la parte vieja de la ciudad y el lugar que habíamos elegido para hospedarnos.

Y al llegar a la ciudad vieja, empieza la aventura: por empezar los taxis no pueden cruzar la muralla ni entrar a la medina ya que está prohibido el tránsito de vehículos. Aunque esto se da solo en la teoría, ya que más de una vez me toco ponerme contra la pared para que un auto pudiese atravesar los estrechos callejones de los zocos.

Autos, bicis, motos y burros en la medina

Autos, bicis, motos y burros en la medina

Pero sigamos con el taxista, que te deja en las afueras de la muralla y ahí, en una especie de estacionamiento, hay un montón de personas con carretillas que ponen tus valijas en ellas y te llevan a vos y a tu equipaje al alojamiento. Te da un poco de desconfianza al comienzo, porque no conoces el lugar y es de noche y tienen tus valijas y te pasean por miles de callejones, pero es su trabajo y de última sino queres que nadie lleve tu equipaje, lo podes llevar vos (cosa que hicimos más adelante cuando nos quedamos sin dinero para las propinas!).

Al llegar al riad, una típica vivienda marroquí que elegimos para hospedarnos, dejamos las cosas y a pesar de no haber dormido en todo el día, de haber estado en 3 países distintos en menos de 24 horas, así y todo dejamos las mochilas y salimos rumbo a la plaza.

El RIad, una vivienda típica de marruecos

El Riad, una vivienda típica de Marruecos

En mi mente siempre hubo 2 imágenes asociadas a Marruecos: por un lado los laberínticos zocos y por el otro la imagen de la Plaza Principal llamada Djemaa el Fna. Supongo que eran fotos sacadas de películas, paisajes de libros o de algún que otro programa de cocina de esos en los que el conductor viaja por el mundo probando las “delicatessen” locales. Por eso, cuando empecé a “proyectarme” en Marruecos, me imaginaba recorriendo esos lugares.

Quiso el destino que mi primer contacto con Marruecos fuera la ciudad de Marrakech y que mi primera salida fuera a la plaza.

La koutoubia, vista desde la plaza

La koutoubia, vista desde la plaza

La Plaza Djemaa el Fna es el lugar más importante de la medina y es un verdadero muestrario de la vida y cultura marroquí, razón por la cual ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

No se sabe exactamente cuál es el origen de su nombre. En árabe significa “Plaza de la muerte” y aparentemente hace referencia a las ejecuciones que tenían lugar en esta plaza en otros tiempos. Por otra parte la palabra “Djemaa” también quiere decir mezquita y en este caso podría relacionarse con la explanada de una antigua mezquita almorávide que se encontraba en las cercanías y que fue destruida.

La plaza vista desde el Café Glacier

La plaza vista desde el Café Glacier

Independientemente del origen del nombre, la sensación de pisar esta plaza por primera vez es indescriptible: te invade el aroma que emana la comida de los puestos, la música hipnotizante ejecutada por los músicos del lugar y la gente: las miles de personas que noche a noche se dan cita en ese festín de sabores, ritmos y colores. Es un espectáculo digno de ver, aunque a veces cuesta disfrutarlo, porque si sos turista, todos se vienen encima tuyo a venderte algo. Haces 1 paso y alguien te ofrece comida, un tatuaje, un celular, una foto o lo que sea que se pueda cambiar por euros.

Otro lugareño mostrando las destrezas de su ave

Otro lugareño mostrando las destrezas de su ave

Pero dejando de lado ese aspecto negativo, es impresionante ver cómo esta plaza cambia su fisonomía entre el día y la noche. Desde la mañana te encontras con los personajes más extraños: desde domadores de monos hasta encantadores de serpientes, adivinadoras de la suerte, dentistas exhibiendo sus piezas dentales, mujeres tatuando con henna y artistas callejeros interpretando danzas tradicionales y canciones populares. A su alrededor se concentran multitud de puestos de zumo de naranja, especias, menta y dátiles. También hay tiendas de souvenires, bares y restaurantes.

Los encantadores de serpientes

Los encantadores de serpientes

A medida que va anocheciendo, lentamente desaparecen los puestitos de la mañana y la ciudad se ve invadida por el humo de las parrilladas y la gente llega hasta la plaza como atraída por un gran imán. De noche la plaza se transforma en un gran comedor al aire libre y se sirven comidas típicas llenas de sabor y color como couscous, brochetes de cordero, tagine de verduras, cabezas de cordero asadas, ensaladas, todo listo para degustar en mesas dispuestas ahí mismo. El servicio es básico: las mesas son tablones de madera, los manteles son pedazos de plástico, las servilletas son hojas de cuaderno recortadas, pero nada de eso importa: lo importante es comer ahí al menos una vez.

Unas riquísimas brochetes de cordero

Unas riquísimas brochetes de cordero

Y si no te animas a comer en la plaza, cosa que recomiendo, lo mejor es sentarse en cualquiera de los bares que la rodean y que cuentan con terraza. Tomarse una consumición por 10 dirhams y ver cómo “vive” la plaza desde las alturas no tiene precio.

 

Bueno, esto es todo por ahora.

Nos leemos en el próximo capítulo!

Abrazos, Patricia

 

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Acerca de Patricia (200 Artículos)
Guía Nacional y Técnico Superior en Turismo | Turista Digital | Travel Blogger | Amo viajar, ir al cine, comer chocolate y a los Beatles.

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