Ouro Branco, una breve e inesperada parada

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El bus que nos traía desde Congonhas se detuvo en la rodoviaria de Ouro Branco. Si bien visitar este pequeño poblado no estaba inicialmente en nuestros planes, esta parada sorpresiva a la espera del bus que nos llevase nuevamente hacía Ouro Preto hizo que contempláramos la posibilidad de recorrer esta histórica ciudad.

Como el clima no nos acompañaba, el día estaba nublado y frío, merendamos en la Rodoviaria y luego de entrar en calor, salimos a caminar con nuestras mochilas a cuestas y con las recomendaciones que nos dieron los empleados de la Terminal.

La ciudad de Ouro Branco está ubicada en la región central de Minas Gerais y es considerada uno de los asentamientos más antiguos del estado. El pueblo de Santo Antonio de Ouro Branco fue fundado a finales del siglo XVII, probablemente en el año 1664. Los “bandeirantes” acabaron instalándose al pie de la sierra, luego de explorar las aguas del río de las Velhas en busca de oro.

En la época colonial del Brasil, siglo XVII y primera mitad del XVIII, los bandeirantes eran exploradores y cazadores quienes penetraban en los territorios interiores del continente americano en busca de oro.

Ouro Branco es también la ciudad del maestro Bitinho, conocido en la región como el «Maestro de la Cerámica«. Este ceramista fue precursor en la fabricación de la “cerámica saramenha”, una técnica utilizada desde el siglo XIX cuyos saberes se transmitieron de padre a hijo y así sucesivamente como un “secreto de familia”. Muchas piezas elaboradas con esta técnica, un arte diferente que data de la época del imperio, pueden apreciarse en la Casa del Artesano.

La cerámica se desarrolló en la región para satisfacer las necesidades de la población local. Había mucha demanda y falta de cerámica europea, por lo que esta cerámica alternativa fue ganando popularidad. La cerámica saramenha tiene sus particularidades: las piezas pueden ser de diferentes colores, dependiendo siempre del color de la arcilla. La arcilla oscura, común en la región, se usa debido a la presencia de materia orgánica y desechos de carbono.

Pero sin dudas la visita imperdible en Ouro Branco es la Iglesia Matriz de Santo Antonio, célebre por la pintura de su nave que es obra del maestro Manuel da Costa Ataide. La construcción de esta iglesia inició en 1717 y se completó en 1779, tras 62 años de trabajo.

Guardiana del tiempo y la historia de Ouro Branco, la Matriz de Santo Antônio tiene una técnica de construcción que se basa en la piedra, el material utilizado incluso en las columnas, cuñas, tapas, persianas y balcones del frontispicio. En el interior, la nave, el arco y el presbiterio constituyen una de las tallas barrocas más bellas de Minas Gerais.

Hay muchas otras razones para visitar Ouro Branco y muchos atractivos y localidades cercanas para recorrer como el poblado de Itatiaia. Si planeas una visita de un día completo podrías incluir un recorrido por el Parque de la Sierra de Ouro Branco, los caserones históricos o la Capilla Nuestra Señora Madre de los Hombres.

En nuestro caso, como se trataba de una breve e inesperada parada, solo tuvimos tiempo para pasar por la Casa del Artesanato y para ver la iglesia por fuera. Ouro Branco forma parte de la Estrada Real, que se trazó durante el ciclo del oro y el diamante y sin dudas es una ciudad que te recomiendo incluir si estas planeando recorrer la Ruta del Oro en Brasil.

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